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Titiritero de palabras

Mi reina maga. Una epifanía

Mi reina maga. Una epifanía

 

Hace seis u ocho meses tenía yo que acudir a mi médico general y aquel día estaba de descanso. Así que me enviaron a otro médico del mismo centro de salud. Un profesional excelente, al que ya había sido desviado en alguna otra ocasión, que se toma el tiempo que haga falta para cada paciente. Puede tocarte una larga espera, pero vale la pena. Y si tiene que trabajar más horas de las que debe y le pagan, las trabaja...

... sabedor de lo que puede ocurrir, había llevado un libro de más de mil páginas para entretener mi espera. Tras un rato, la anciana que estaba a mi lado me preguntó por el libro, y me dijo que le gustaba mucho y que lo había leído de joven. Me preguntó si lo podría encontrar de alguna forma, si quizás lo tendrían en la biblioteca. Le dije que me temía que no, pero que estaba editado y sin dificultad lo encontraría, por ejemplo , en Cervantes.

 

Con su escaso acento extranjero me explicó que no tenía muchos ingresos; el libro es caro de narices, por cierto, es una versión en un solo volumen de un original que en su momento eran tres tomos.

Pensé un momento y le dije: mire, no tengo tiempo para leerlo más que en la sala de espera del médico..... lléveselo, le dejo mi número de teléfono, y , sin ninguna prisa, cuando lo haya terminado, me da una llamada perdida, o me manda un mensaje, o me llama y me lo devuelve.

 

Así hicimos. El caso es que el otro día me acordé de aquello y me dije: esta mujer jamás me llamará, pero bueno, como siempre que presto un libro, ya lo había dado por perdido desde el primer momento, y, luego, si me lo devuelven, mejor.

 

Este mediodía sonó mi móvil, me llamaban de un número desconocido. Era esa mujer, para felicitarme Reyes y para decirme que no tenía mucho tiempo porque tenía que cuidar de sus nietos, así que iba por la mitad del libro, pero que espera terminarlo en unos dos meses.

 

Más tarde me ha preguntado una chica qué me habían traido los Reyes, y le dije que me habían traído una llamada telefónica y le conté la historia. La chica me dijo: pero te habrán traído algo más, ¿ no te han traído ningún regalo?

 

Le expliqué: me han traído el mejor regalo, me han traído una lección de valor incalculable. Que uno no debe dejar de confiar en el ser humano. No puedo imaginar ningún regalo mejor que se pueda entregar físicamente, ni comprar con dinero.

Dicen que lo más valioso es la salud. Recaeré, seguro, recaigo constantemente. Pero al menos por un tiempo me han curado de uno de los peores males: la desconfianza por sistema en el ser humano.

 

SANITAS no me cubre eso por más que les pague.

 

Felices Reyes, ojalá tengáis alguna Epifanía hoy. Y no olvidéis ser felices.

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3 comentarios

Pedro -

No exageremos; con unos cientos de miles de yottabytes sería suficiente ;-)

Por cierto, ante un gesto honesto y sincero la mayoría reacciona con incomodidad, indiferencia..., sólo la buena gente reacciona con generosidad (en tu caso espontánea, que es la más infrecuente).

A seguir bien.
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Sergio -

Pedro. En este siglo XXI donde cada apertura de informativo invita a la misantropía, en el XX en que en el tango ya escribía diScepolo que "es un despliegue de maldad insolente" como jamás hubo, y en los escritos de cada civilización que en 8000 años una y otra vez no falta quien ve el ocaso de los ocasos, el fin de los tiempos, de la vergüenza, de los valores y de la humanidad, de Babilonia a Egipto y de la Cochinchina al Imperio Austrohúngaro, cualquiera de los millones de gestos cotidianos que millones de personas hacen todos los días que da esperanza en las personas vale.

Yo sigo viendo más valor en la honestidad y palabra de la abuela que en que yo prestara uno de mis millones de libros sin los que puedo vivir y hasta sin casi notarlo más que alguna vez, algún recuerdo, alguna apetencia o antojo un día por ese que cuando vas a buscarlo te acuerdas que fue y no volvió.

En todo caso, nada como algunos luarqueses y luarquesas a los que les llevo cada día que he pasado con vosotros en los últimos veintipico de años innumerables gestos así que son en ellos cotidianos y segunda naturaleza.

Si tengo que hacer un post en vez de sobre la anécdota de esa señora sobre cada gesto así tuyo, de A., de tu madre y varios miembros más de tu familia y tu entorno me tienen que dejar trillones de Petabytes de almacenamiento en la World Wide Web todos para eso sólo ;-)

Un abrazo.

Sergio

Pedro -

Hacía tiempo que no visitaba tu blog (me quedé en la entrada de Grecia).
Me alegra que lo reactives y sigas contando tu visión de la vida (siempre es interesante). Por cierto, el gesto de la señora inspira confianza, pero el que de verdad nos hace ver que todavía hay esperanza es el tuyo. Saludos...
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