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Titiritero de palabras

Otra variedad del Hola amigo

Otra variedad del Hola amigo

En el último par de años he tenido la inmensa fortuna, sí, digo bien, la  inmensa fortuna, de conocer a un número muy significativo de personas con dos características en común: unos, personas que padecen o han padecido algún tipo de trastorno de la salud mental, y otro, personas infectadas con el VIH. Y digo la fortuna porque me han abierto la puerta a un mundo de una Humanidad sin límites, lo cual ha ampliado mis horizontes intelectuales mucho más que si me hubiera asomado al Cañón del Colorado o a una cumbre del Himalaya.

A la vez, he visto cómo ambas circunstancias, que no deberían ser más que incidencias de salud, en nuestra sociedad, aun hoy, en pleno siglo XXI, medio milenio después de la época en que se quemaba a Giordano Bruno en una hoguera en pleno Campo dei Fiori romano, ambas circunstancias están marcadas por profundos estigmas arraigados en amplios segmentos de la población, y cómo uno de los problemas que afrontamos ( la primera persona no es ociosa, pues, como sabéis, en este blog mantengo el criterio de visibilizarme como paciente de salud mental ) las personas que pertenecemos a uno de esos colectivos ( no digamos quienes pertenecen a ambos simultáneamente ), en ocasiones padecemos ( muchos padecen, yo no, y de eso va este post ) dificultades de inserción social, que llegan hasta el extremo de convertirse en soledad.

Creo sinceramente que muchos de los males de este mundo se deben a que los humanos cada vez más, a pesar de los milenios transcurridos desde los tiempos bíblicos, adoramos becerros de oro, caemos en un consumismo atroz, arrasamos el planeta y la mayoría de sus formas de vida, sin darnos cuenta que, en el fondo, nada de eso nos satisface, y que, sin embargo, lo que verdaderamente empobrece a la gente, una vez satisfechas las necesidades elementales de comida, techo y una cierta seguridad, lo que los humanos terminamos echando de menos no es un Audi de las gamas más altas, sino el calor humano.

El otro día escribía cómo me alegraba el inicio del día un anónimo "hola , amigo" al que no pude ponerle rostro cuando me quise girar. Hoy se me ha producido un fenómeno simétrico: al final de una larga jornada, cuando iba a coger el último autobús que me dejaría frente a mi casa, estaba respondiendo un sms con otro sms, la mirada clavada en la pantallita del móvil, una conocida pasó frente a mí, una conocida a la que en ningún caso hubiese visto si no me hubiera hablado, ensimismado como estaba en mi frenético tic tic tic tic en el hoy omnipresente "telefonino" me saludó a pesar de todo con un animoso " ¡ Ta luego, "Ser" ! ". Podía haber pasado de largo y no me hubiera enterado jamás, pero eligió intercambiar humanidad con su vehemente saludo y su amplia sonrisa, que, naturalmente, correspondí. Desde luego, me podía haber tocado el coche que sortean con los números que te dan en la charcutería, pero no me hubiera dado una alegría como la que uno siente cuando ves que tus congéneres te saludan amablemente de corazón. Quizás en la cumbre de abril del G-20 habría que añadir al FMI y al BM un Banco de Sonrisas.

 

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1 comentario

belen -

Me gusta eso de un "Banco de sonrisa" increíble sería que no sólo se incluyese en representaciones y decisiones internacionales sino también a nivel como individuo..pues es de donde parte, la base de que luego se pueda ir extendiéndose en ámbito general.

Estamos tan ensimismados y concentrados en nuestro micro mundo "ego personal" que desde luego no apreciamos las grandes riquezas de la amistad, colaboración y unidad de tod@s...
Un saludo Sergio...
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