Humanidad

Y este pobrecito escribidor se pregunta, sabido como es que casi siempre tiene más miedo que vergüenza, que hubiera hecho él en su lugar, y, para su pesar, se confiesa a sí mismo que seguramente no hubiera osado arriesgar el pellejo como este chaval hizo. Y se siente mal, porque se lo debemos a nuestros compañeros humanos que un mal día sufran la desgracia de un accidente y necesiten nuestra ayuda, pero, sobre todo, se lo debemos a la gente como Vicente. Quizás el que aquí escribe deba hacer un poco de gimnasia mental, visualizar, y entrenarse, para, si un día se ve en un caso así, poder estar a la altura que debería poseer todo humano digno de llamarse tal. Entre tanto, gracias, Vicente.
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