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Titiritero de palabras

Innovaciones revolucionarias para el nuevo año 2016

Innovaciones revolucionarias para el nuevo año 2016

Acaban de celebrarse elecciones generales en este país (me refiero a "el mío", España, si bien es manifiesto que soy contrario a la existencia de más países que el mundo ni más patrias que los zapatos de cada uno y cada una, y si no me cambio de país es porque, uno, no conozco ninguno menos malo y dos, cada día la ONU pone más dificultades para reconocerte como apátrida) y, como siempre, sigue pendiente la gran asignatura (aparte de la Educación, que sería loco considerar asignatura porque es por definición lo que debería englobarlas a todas.... pero bueno, esa es causa aún más complicada; aún con los esfuerzos de los tardofranquistas y la Ley General de Educación de 1970 y de los enormes avances de los primeros gobiernos del actual periodo democrático de Adolfo Suárez y parte de los de Felipe González, últimamente hemos retrocedido; primero por unas leyes que, unas bienintencionadas pero horrendamente erradas, otras por reaccionarias y pretendidamente orientadas hacia pasos atrás en la garantía de la Educación Pública universal, gratuita y de calidad -con el debido respeto al derecho constitucional para quien lo prefiera de optar por educación no prestada desde lo público-, lo de la educación ya lo considera, este viejo carca, una causa perdida para mucho tiempo; Unamuno en ese sentido, a mi lado, y con las debidas distancias, era un optimista).

 

A la asignatura que me refiero es a la famosa INNOVACIÓN. Estados Unidos y algunos otros países han desarrollado, desde la aparición de la World Wide Web, el acceso amplísimo a Internet en los países desarrollados e incluso importante en otros menos ricos, y , más tarde, la popularización de los "teléfonos inteligentes" (estúpido adjetivo para aplicárselo a un trasto, pero ammesso e non concesso que sea el término) toda una industria basada en las llamadas redes "sociales" (aunque nos terminen con frecuencia, por el contrario, "asocializando", no porque sean malas per sé, sino, como toda herramienta, que siempre pueden ser buenas o malas según la utilización que les demos, por su uso).

 

Twitter, Facebook, WhatsApp y quién más conozca más añada.... Y hete aquí que, en la profundidad de mi pensamiento original donde los haya, he estado hoy dándole vueltas a una mejora a esas redes que daría un giro a mejor descomunal y que incorporaría una riqueza de la que carecen, además de ser un nicho en el que España goza de unas ventajas competitivas de carácter natural y social mucho mayores que las que aporta el Sol al turismo en Benidorm.

 

Como no existe una sola red "social", tampoco mi red es única, tiene, como aquellas, distintas variantes, matices, sabores y colores, pero el fundamento es el mismo: setrata de superar las redes "sociales" telemáticas añadiendo un elemento adicional radicalmente potente: la presencialidad.

 

Así, Twitter podría verse desplazado por quedar a tomar un café en una terraza y charlar, sin límite de lo que quepa en 140 caracteres además, sino sólo el que introduzca el número de horas que tengan disponibles los conversadores. Facebook por dar un paseo juntos. WhatsApp por sentarse en un banco del parque.

 

Las redes telemáticas de perfil más adolescencial, que, uno, en su ignorancia, no sabe si será, quizás, por ejemplo, Tuenti, podrían sustituirse , empezando la revolución, insisto, en España como líder natural de la Novísima Cultura, por aparecer una horita después de la salida del insti en la calle en que viven los chavales y otros cuantos compañeros, cada uno en la suya, o en un plaza común a varias calles cercanas..... No requiere quedar explícitamente ni darse una perdida, y si hay un balon quizás apetezca jugar con él; si no lo hay, cualquiera puede decir "¿nadie trajo bola?" y cualquier otro, u otra, decir: no, pero voy yo por ella a mi casa y vengo ahora. Se puede hasta comenzar los primeros ligues según edad (no hace falta ni balón).

 

Por supuesto, como fiel lector de Pekka Himanen, Linus Torvalds, Manuel Castells y esas gentes de mal vivir, no pediré copyright ni royalties si mi idea llegase a ser practicada alguna vez por alguien. Mis derechos de autoría intelectual la dejo en Copyleft a la Comunidad, y no requiero ni que se cite mi nombre ni mucho menos reconocimiento.

 

Lo sé, son sueños húmedos de un futurista utópico. Pero qué sería de la Humanidad sin la utopía. La civilización de hoy es resultado del sueño de otro mono loco como yo. Los monos sensatos se quedaron en los árboles.

 

Y no olviden ustedes ser felices, amables lectores y lectoras.

 

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