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Titiritero de palabras

La mente humana, sencillamente increíble

La mente humana, sencillamente increíble

Hoy tenía cita con el excelente psicólogo clínico que me atiende en el Sistema Público de Salud. La verdad es que hace como unas dos semanas que recordaba que ya lo tenía cercano, y que había tomado la decisión de no hacerle perder su precioso tiempo ( el pobre está desbordado, y aun así hace horas de más gratis, o llega al extremo, como hizo conmigo en una ocasión, de verme haciendo una gestión en Secretaría del Centro de Salud Mental de mi barrio, notar por mi cara y esos signos que dicen más que mil palabras que no estaba precisamente en mi mejor momento, y, sin agenda en semanas, sacar unos instantes de donde no los tenía para hacerme una sesión rápida en un rincón discreto de los espacios comunes del edificio; sigo en mis trece de que el Centro de Salud Mental de Teatinos necesita cuando menos un psicólogo clínico más, pues, o mucho me equivoco, o en los últimos 18 años el número de pacientes que atiende ha aumentado enormemente y su plantilla de psicólogos sigue EN UNO ), y decirle: "mira, Andrés, me encuentro básicamente bien, vamos, tan bien como pueda hallarse cualquier ser humano sin patologías, que problemas, obviamente, tengo, como todos", no pierdas más tu tiempo conmigo, dame el alta, y empléalo en alguien más necesitada que yo ( uso el femenino como genérico pues insistiré una vez más en que los trastornos de la salud mental afectan más ( ¡ y peor , dada su peor condición, por termino medio, psicoeconómico-social... que un varón deprimido ayuda una hora en casa y se queda tan pancho, una mujer deprimida trabaja ocho horas en su trabajo fuera de casa -si tiene la suerte de tenerlo- y luego hace doble jornada en el hogar , por poner un ejemplo típico).

Curiosamente, desde mediados de la semana pasada llevo experimentando una notoria recaída. Yo la atribuía a circunstancias stressantes externas, mientras que el Dr. Cabero encontró otra explicación en mi relato, que escuchó atentamente durante un tiempo lo suficientemente prolongado ( y aun de sobra, pues un profesional con sus años de experiencia clínica y con los años que hace que me conoce no necesita de mí grandes detalles para "calarme" ); al principio fui escéptico, y seguí erre que erre en preguntarle si no creía que mis circunstancias explicaban mejor el fenómeno. Andrés, por suerte para mí, es más "cabezón" ( dicho sea con el mayor de mis respetos, me refiero por supuesto a persistente, especialmente cuando sabe al 99% que tiene razón -siempre tiene la humildad, propia de los sabios, de dar un margen a la posibilidad de que sea él quien se equivoque), y sabe mucho más que yo, incluso de mí mismo.

Su explicación es sencilla: conscientemente quería el alta, pero inconscientemente no quería prescindir de sus servicios, de tenerle a él como recurso. Razón por la cual, mi cerebro, que se las sabe todas, decidió ponerse malito. Naturalmente, Andrés, o el Dr. Cabero, como prefirais y prefiera él si me llegara un día a leer, decidió no darme el alta, a pesar de que consideraba por mi exposición que me las arreglo más que decentemente en buscarme recursos para afrontar mi trastorno de ansiedad sin necesidad de estar todo el día en la consulta de un profesional sanitario.

Eso sí, Andrés me hizo una broma, él que en el fondo es un cachondo, sigo insistiendo en que uso el adjetivo con el mayor de los respetos, pues es una persona que sabe cómo y cuándo se puede uno reir de alguien, y la forma de hacerlo  para que el "reído" sea el primero en carcajearse de sí mismo ( al menos yo, que me gusta tomarme a mí mismo en serio sólo lo imprescindible, pero que sé que reirse, incluso, o en particular, de uno mismo, es cosa buena): aludió a que cuando consiguiera uno de mis objetivos vitales para los próximos meses, me daría la próxima cita, entre tanto, en vez de darme hoy la próxima fecha, no me la daría, sino que me la dará contra la certificación oficial de que he logrado un objetivo académico en que estoy embarcado.

Yo siempre digo que a mí no se me pueden decir las cosas, ja, ja ja ja. Que soy capaz de hacer caso
. De modo que le dije a Andrés: ¿ y si en vez de decirlo en broma lo hacemos en serio ? Dicho y hecho, salí de allí sin la próxima cita y con el compromiso de entregarle dentro del año, a través de un sobre a su nombre en la Secretaría, el documento requerido, contra el que me dará su próxima cita. Así me sirve de incentivo para lograr lo que pretendo. Lo apunto exactamente de esa manera EN MI HISTORIA CLÍNICA, ja, ja, ja, ja. Le advertí, jocosamente: Andrés, no pongas eso de tu puño y letra en mi Historia, que estás dejando pruebas de una extorsión Risa. "No, no.... No es una extorsión: es un pacto". - Ah, vale, pues si es un pacto, vale.

Entre tanto, espero tener a la excelente psicóloga de la Asociación de Usuarios de Salud Mental "Hierbabuena", cosa que le pareció muy bien a Andrés, que incluso se interesó por su labor. Otra excelente profesional, que no escatima en esfuerzos. Y que sabe también ser seria cuando toca, y bromear cuando se puede, y sabe cómo bromear. Me reí mucho con ella el lunes de la semana pasada, cuando me presenta a los socios de Gijón, donde acabamos de constituir la asociación y ya ha "captado" a 13 fijos con su buen hacer: bromeó describiéndome como "uno que no calla ni debajo del agua". Huelga explicitar que le di la razón y me carcajeé de mí mismo. Es lo que tiene el saber ser y el saber estar ( que son en las lenguas románicas verbos distintos, pero ella los maneja los dos). Otras no, otras se ríen mucho en público en las cafeterías , en grupos que considero formados, por lo demás, por mis amigos, de mi condición de charlatán. Ayer lo comentaba con una amiga, a resultas de mi inmenso disgusto por , en un día muy malo para mí, haberme encontrado un comentario suyo en este blog, al que no pude evitar responder. Mi amiga, viéndome destrozado, me recomendó no ser rencoroso. "Sabes que lo soy", le dije. Y más con una persona que ignoró mis evidentes gestos de displacer en medio de su ji ji ja ja, cuando ya le había perdonado más de siete y más de ocho. Sólo espero que no sea cierto eso de que a uno se le mide por la talla de sus enemigos, pues me congratulo de tener más amigos que enemigos, y de mucha mayor talla; amigos que no hubieran dejado pasar desde hace semanas mis evidentes signos de que sigo esperando en vano una disculpa. No obstante, además de rencoroso y depresivo, soy chulo, así que si un improbable día osara intentar una improbable disculpa, que se vaya preparando para el bufonazo.

Sed felices, quienes podais, jajajaj..... yo me voy a meter en la cama a enfadarme con mi insomnio Llora

 

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